TOMAR CONTACTO
“Quien camina descalzo recibe un
flujo continuo de información sobre el suelo y sobre su propia relación con la
superficie, mientras que un pie enfundado en una zapatilla duerme dentro de un
medioambiente invariable”
Del libro Nacidos para correr
De chico vivía mis veranos
prácticamente descalzo. Por el jardín de casa, por las veredas del barrio, que
en aquellas épocas eran todas de pasto o tierra. Y si me mandaban a hacer una compra a la zona comercial también me largaba así, como venia, en patas,
soportando con mis pies desnudos, las fuertes temperaturas que levantaba el sol en el asfalto. Y así aprendí a sentir la tierra. Mi madre, la madre de
todos, la Madre tierra.
Y si, de que otra forma podemos aprehendernos
de las cosas sino es sintiéndolas, estableciendo un contacto directo, sin
intermediarios, con ellas. De niño aprendí a sentir lo que el suelo me
trasmitía atreves de mis pies descalzos, casi como si fueran manos.
El césped húmedo después de una
lluvia de verano. La sensación de “chapotear” en los charcos. El barro
flojo introduciéndose entre mis dedos. La
arena caliente, la arena húmeda. El
dolor que se sentía al caminar sobre el pedregullo. La frescura del agua sobre las baldosas recién lavadas del
patio. El yuyo seco, el pasto con sus pequeñas pero molestas espinas. La
suavidad del trébol bajo la sombra del Paraíso. Correr por el asfalto caliente
hasta quemarme vivo.
La verdad es que a medida que voy
relatando voy también sintiéndolo, como si tocara ahora cada una de esas cosas
recibiendo sus particulares sensaciones. Huellas por las que puedo volver para
saber cómo se siente un trebolar sin tener la necesidad de pisarlo.
Y a esto lo llamo “Empatía”, que es
la capacidad de poder “sentir algo” sin
tener la certeza de haberlo vivido, quizás sea por un gran olvido. Pero es por
ello que puedo sentir en mi, la alegría
de un amigo al recibir un regalo, o su dolor, ante una perdida.
La sociedad esta cada día más “encapsulada”,
y por ello insensibilizada, como está el
pie dentro de una zapatilla. No toma contacto directo con la realidad, la
férula de sus costumbres mecánicas le impide recibir el dato para el reajuste,
la toma de conciencia. Así, como cuando el pie descalzo se arquea de inmediato,
ante la información que recibe del asfalto caliente.
La sociedad no “siente”, y cuando
genera cambios son artificiales, diseñados por corporaciones detrás de
escritorios, en los que la prioridad no es el sentir, para luego responder
conforme a ello, sino más bien debilitar la voluntad individual para manipular
al Hombre.
Hay cientos de miles de formas
diferentes de encapsularla y cada día surgen nuevas maneras que nos aíslan.
Todavía sigo subiendo a los arboles.
Y ahora también lo hago descalzo, pero
junto mi hija Miranda. Ambos vamos descubriendo la textura de las ramas y
sabemos por ello si resistirán nuestro peso. Y a medida que vamos interpretando
al árbol empáticamente, el nos informa cómo y por donde llegar a su cima.
Démonos la posibilidad de sentir, de
tomar contacto, no nos encerremos dentro de domos, no contratemos guías para
que nos muestren nuestras montañas, no contratemos tours para viajar
protegidos, salgamos a la calle a sentir nuestra propia y única vida.
Ahí está la respuesta.
Pablo Hernan Cigliutti
“Poner los pies en una zapatilla es
parecido a ponerlos dentro de una férula de yeso, si colocamos tu pierna dentro
de una férula de yeso, en seis semanas tendremos una atrofia muscular del 40 al
60 por ciento. Algo similar les ocurre a los pies cuando los encerramos dentro
de unas zapatillas. Cuando las zapatillas hacen su trabajo, los tendones se
endurecen y los músculos se debilitan. Los pies están siempre listos para la batalla
y crecen bajo presión, déjalos holgazanear y se derrumbaran, ejercítalos y
se elevaran como un arco iris”
Del libro Nacidos para Correr.
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