viernes, 17 de octubre de 2014

SOSTENER EL ESFUERZO

 

Dicen que en la vida todos deberíamos pasar por la experiencia de plantar un árbol, escribir un libro y tener un hijo, yo le agregaría la aventura mágica de correr un maratón.
Pero un maratón  solitario y anónimo. En el que lo único que esté en juego es poder llegar a la meta, sin la necesidad de hacerlo más rápido que otros, u observados y empujados por la energía de la muchedumbre.
Un Maratón no es necesariamente correr 42 km, para muchos es poder levantarse para ir a trabajar, por sufrir de depresión o de falta de voluntad, o dar esas malditas vueltas manzanas, tres veces por semana, por una antigua e incumplida prescripción médica.
En la vida de cada uno, cada ser, pasa continuamente por la experiencia intransferible de tener que sortear obstáculos. Casi siempre en solitario, sin apoyo. Motivado únicamente por la convicción interna de que sólo el esfuerzo por continuar lo conducirá a la meta. Pero no son muchos los que pueden lograrlo. Y no la meta, sino, simplemente, la capacidad para sostener el mínimo esfuerzo para intentarlo.
Y la dificultad radica aquí, en la incapacidad que, por diferentes causas, el hombre posee para poder mantener una determinada línea de conducta. Carece de voluntad propia, o por lo menos su voluntad depende de sus variables e inestables estados de ánimo. Nos cuesta sostener un esfuerzo.
La sociedad no nos alienta para ello. En cuanto aparecen las primeras dificultades nos recomiendan el cambio. Nos aconsejan permanecer sólo si nos sentimos cómodos. Pero en “la comodidad” no tenemos nada que aprender. Al ejercitarnos físicamente, lo que nos duele es lo que debemos trabajar.
La sociedad subvirtió, no sé por qué razón,  lo que antes eran virtudes en valores inútiles. Ejercitar la voluntad se transforma en un acto de masoquismo. Resistir se transforma en soportar, persistir en resignar, la disciplina en aburrimiento, el respeto en un acto de cobardía.
Hoy es mejor visto aquel que no soporta que el que resiste, aquel que no se resigna que el que persiste, aquel que se divierte que el que se disciplina. Se confunde respeto con cobardía.
Marathoterapia apunta a que podamos iniciar un pequeño esfuerzo o “primer movimiento” que rompa con la inercia natural, con la rutina que no nos deja progresar. Y sobre todo, a lograr sostener el esfuerzo para madurar el fruto. Siendo que el fruto es la meta elegida.


                                                                                                   PABLO CIGLIUTTI


                                                        

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